jueves, 23 de octubre de 2014

Distintas versiones de la creepy pasta Veronica


Versión 1: 3 veces Verónica

Un chico de 18 años escucha qué diciendo el nombre de Verónica 3 veces frente a un espejo y con 2 velas, la invocas, se te aparece y te dice la fecha de su muerte. Hace eso y efectivamente se le aparece una chica fantasmal en el espejo. Este le pregunta que cuando va a morir. Esta le contesta: “¿Cuando quieres morir tú?”. Este le contesta que con 100 años por ejemplo y esta le contesta: “Concedido”. Durantes los días siguientes al chico le pasaba de todo, desgracias, le perseguía la mala suerte, etc. Y por supuesto la chica se le aparecía por la noche en su habitación. El no podía aguantar más. Después de todo el infierno que estaba viviendo lo metieron en un hospital psiquiátrico para estudiar su caso. La primera noche que paso allí se la encontró de nuevo y el grito que quería que se acabara todo y que se quería morir, a lo que Verónica le contesto: “deberías haber elegido que la fecha de tu muerte fuera antes, ahora te quedan 82 años para sufrir”.

Versión 2: Verónica, Verónica, Verónica

 "Era la noche de los difuntos, una gélida noche de tormenta. Los rayos y los truenos invadían el cielo del pequeño pueblo donde vivía Verónica con su novio, Álvaro. Ese día la chica se había quedado sola, porque él estaba de viaje. Verónica tenía miedo, porque había oído que en Halloween los fantasmas salen de sus tumbas, por eso le había pedido a Alvaro que se quedara, pero él debía cerrar un negocio importante.
La chica se encerró en el salón con la tele puesta, dispuesta a controlar su miedo. De pronto, escuchó pisadas en el pasillo, se dijo a sí misma que los fantasmas no existen, se armó de valor y salio a ver quién era. Allí no había nadie. Asustada, volvió al salón y se acurrucó en el sofá. Entonces oyó claramente un par de golpes en la puerta de la habitación. Verónica se tapó los ojos aterrorizada mientras la puerta se abría. Su pánico era tal que ni siquiera miró quien era. Segundos después, sintió un profundo dolor en el pecho: unas tijeras le habían atravesado el corazón.
Verónica murió al instante sin saber que no había sido un espíritu, sino Álvaro, quien la había asesinado. Su novio le engañaba con otra chica y esa fue su terrible forma de cortar con Verónica. Nadie descubrió su crimen...
Pasaron los días, los meses y, para cuando llegó el aniversario de la muerte de Verónica, Álvaro ya había dejado a su otra novia. En todo este tiempo, él no fue capaz de sentir una pizca de lástima por la difunta, ni tampoco arrepentirse de haberle quitado la vida. Llegó la noche de difuntos y Álvaro se sentó en su sillón (el mismo donde acabó la vida de Verónica) y se dispuso a leer un libro. De repente, sonaron unos pasos en el pasillo que distrajeron su atención: "¿Quién está ahí?", preguntó. No obtuvo respuesta y, nervioso, salió a comprobar quién era. ¡No había nadie! Álvaro se sentó de nuevo y oyó como alguien aporreaba la puerta. Todo aquello era siniestro y empezaba a darle miedo porque se acordó de que lo que le estaba ocurriendo era lo mismo que hizo él antes de matar a Verónica. Sin embargo, nadie conocía su secreto... Nadie, ¡excepto Verónica! La puerta se abrió y ella apareció allí. Estaba palidísima y llevaba una mano sobre el corazón. En la otra, unas tijeras. Álvaro quiso gritar, pero estaba paralizado. Intentó correr, pero antes de que lo consiguiera, el fantasma de Verónica hundió las tijeras en el fondo de su corazón.
Desde entonces Verónica cada noche de Halloween regresa para recordarnos su injusta muerte asesinando a personas infieles como su novio."


 Versión 3: Verónica

Esto es justo lo que nunca debes hacer: ponerte frente al espejo y repetir nueve veces seguidas el nombre de Verónica.

No serías el primero que se ríe al conocer esta historia, que lleva circulando por el mundo desde hace varias décadas. Muchos antes que tu han pensado que se trataba de un cuento chino y se han burlado, pero otras personas aseguran que quienes no han hecho caso de la advertencia y han aceptado el desafí­o, han cargado con una maldición terrible.

¿Quién es Verónica? O mejor dicho: ¿quién era? Se trataba de una chica de 14 años que, estando en el pueblo con sus amigos, hizo espiritismo en una casa abandonada. Todo el mundo sabe que es algo tremendamente peligroso y que jamás debe tomarse como un juego. Ella no siguió las reglas de los fantasmas, se burló durante toda la invocación y una silla que había en la habitación cobró vida y la golpeó mortalmente en la cabeza.

Sin embargo, Verónica aún no descansa en paz. Su espíritu esta condenado y vaga buscando venganza entre aquellos que no saben respetar el Mas Alla¡, como le sucedía a ella en la vida real.

Ana era una chica de la edad de Verónica que conoció la leyenda en su instituto. Sus amigos la picaron, diciéndole que no se atrevía a decir \’Veronica\’ nueve veces ante el espejo. A ella le daba miedo, pero venció su terror porque le avergonzaba quedar mal ante todo el mundo. Una compañera fue a los servicios de esa planta del instituto para comprobar, entre risas, si cumplía la prueba.

Lo hizo, no paso nada y el grupo lo olvidó enseguida. Menos Ana. Para ella la auténtica pesadilla comenzó esa misma noche. Estaba en la cama, cuando un sonido la despertó. No se trataba de un estrépito, sino de una especie de susurro indescifrable que oía cerca de la nuca, mientras sentía como si alguien respirara en su cuello. Aterrada, se levantó y encendió la luz. Alli­ solo estaba ella. A pesar de eso, no pudo dormir en toda la noche. Al día siguiente, no se atrevió a contárselo a nadie. Estaba muerta de miedo, y en medio de la clase tuvo que salir al servicio para mojarse la cara y despejarse. Pero cuando entró al baño, hací­a mucho frí­o (como estaban en invierno no le dio importancia) y una capa de vaho cubría el espejo. Ana lo limpió con la mano para comprobar horrorizada que tras ella habí­a una chica que no había visto jamás, con una expresión de espanto y sangre en la cabeza. Fue solo un instante. Cuando se volvió a mirar, ya no habí­a nadie. Ana rió nerviosamente, pensando que todo era fruto de su imaginación, los nervios y el cansancio. Sin embargo, cuando se volvió hacia el espejo vio algo que la dejo helada. Al borrarse el vaho una frase habi­a permanecido escrita: \’Soy Verónica. No debiste invitarme a volver\’.

Ana no pudo soportarlo. Hoy pasa sus días encerrada en un manicomio, y solo habla para jurar y perjurar que el fantasma de Verónica la sigue atormentando.

¿Tú te animas a decir 9 veces Verónica en el espejo?

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